

Detrás de La Coquette
De niña me encantaba acompañar a mi abuela a la peluquería. Recuerdo el olor de los productos, de los moldeados y la fascinación que sentía por todo lo que ocurría allí.
También disfrutaba acompañando a mi madre a su peluquería, donde me dejaban asomarme detrás del lavacabezas y tocar aquellos bigudíes que tanto llamaban mi atención.
El comienzo
Los sábados en casa de mi abuela
Los sábados, la peluquería se trasladaba de alguna manera a casa de mi abuela. Sus hermanas venían a verla y mi madre, que nunca fue peluquera pero siempre tuvo mucha mano para peinar, las arreglaba mientras mi hermana y yo preparábamos cafés con nuestras tacitas de juguete.
Después llegaron las muñecas, los peinados imposibles, los cortes no siempre demasiado acertados y cualquier excusa era buena para jugar con el cabello, los colores y la creatividad.
Una profesión que elegí muy pronto
A los 14 años terminé octavo de EGB y tuve muy claro que no quería continuar por el camino habitual: yo quería ser peluquera.
Comencé a estudiar en una academia de peluquería en Valencia y, al mismo tiempo, por las tardes trabajaba en una pequeña peluquería de mi pueblo para aprender y practicar. Allí llegaron mis primeros lavados, mis primeras melenas y las primeras horas de un oficio que, con los años, se convertiría en mi manera de vivir.
Después vendrían diferentes etapas profesionales, muchos años detrás de un sillón y muchísimo aprendizaje. Incluso tuve la suerte de acabar trabajando durante años en aquella peluquería que formaba parte de mis recuerdos de infancia junto a mi abuela.
Nunca he dejado de aprender
La formación ha sido —y continúa siendo— una parte fundamental de mi manera de entender esta profesión.
El salto
Y nació La Coquette
Pero las clientas llegaron. Muchas de las que ya confiaban en mí decidieron acompañarme en aquella aventura y algunas continúan haciéndolo a día de hoy.
Durante cinco años trabajé sola y dediqué incontables horas a seguir aprendiendo. Muchos lunes, mi único día libre, los pasaba asistiendo a formaciones. Todo aquello que aprendía volvía conmigo al salón. Y aquellos 12 metros terminaron quedándose pequeños.
La Coquette creció hasta llegar a nuestro salón actual, un espacio de 45 metros cuadrados que, cuando llegué, me parecía un auténtico palacio. Con el tiempo llegó también el equipo y La Coquette siguió creciendo, aprendiendo y evolucionando.
Mi manera de entender la peluquería
Después de todos estos años hay algo que para mí sigue siendo fundamental cuando una clienta se sienta delante de mí: escucharla. Escuchar qué necesita, valorar su cabello y, desde mi experiencia, proponerle aquello que considero más adecuado.
Quiero que quien entre en La Coquette se sienta a gusto, escuchada y cuidada. Y, por supuesto, que salga feliz.
La salud del cabello, por encima de todo
Los años y la experiencia también me han enseñado a decir que no. Si considero que un trabajo no debe realizarse por el estado del cabello, en La Coquette no se realizará. Nuestro trabajo nunca estará por encima de su salud.
